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dialogo

Introducción

Para quienes vivimos en esta primera década del siglo XXI es una verdad insoslayable que la ciencia y la tecnología están transformando nuestros usos y costumbres, nuestra cultura, y en general nuestra vida actual y la visión que tenemos del porvenir. Pero mientras ello ocurre, el carácter humanista de nuestro ser va en retroceso. Preocupados sobre todo por satisfacer los aspectos materiales de la vida, las personas actuamos conforme a las necesidades inmediatas y nos hemos olvidado de vivir y de reflexionar sobre los principios y valores que nos permitirían recuperar la convivencia armónica y la búsqueda de esa utopía llamada el bien común. En este sentido se afirma que pertenecemos a una sociedad que sobrevive inmersa en una crisis general de valores. Así, no son de extrañar las expresiones de falta de respeto, intolerancia y violencia que atestiguamos o protagonizamos de manera cotidiana.

En la raíz de muchos problemas que aquejan a la sociedad se encuentra una carencia de educación cívica, y peor aún: una falta de compromiso hacia el civismo y los valores. Entre los conflictos sociales y la escasa educación cívica de los individuos se ha generado un círculo vicioso cuya gravedad se ve notoriamente acentuada por el desconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos fundamentales. De este modo, democracia, poderes, leyes, justicia, igualdad, respeto, etc., antes que conceptos entrañables, practicables, parecen formas huecas en las que la comunidad de individuos ya no encuentra resonancia.

La mayor cruzada social que podemos emprender ahora, como seres humanos y ciudadanos, es hacer un alto en el vértigo del día a día y revalorar nuestra capacidad de pensar, sentir y reflexionar sobre lo que nos está ocurriendo y el papel que debemos asumir al respecto. Las acciones en el tiempo presente son inaplazables porque de ellas depende el proyecto social a futuro. ¿Qué calidad de vida deseamos para nuestros hijos? ¿Qué país queremos para los próximos años?

No hay duda de que el seno familiar es el principal y más importante cultivador de valores. Y también es indudable que al ambiente escolar corresponde la tarea de proseguir ese cultivo, fortaleciendo (a través de conocimientos e información adecuados) la conciencia cívica de los educandos. Es pues responsabilidad social de individuos, familias, docentes e instituciones, colaborar en la elaboración de programas de interés público cuya puesta en marcha renueve, en franco círculo virtuoso, la práctica de los valores, el espíritu de servicio a los demás, y, en suma, la conciencia humanista inherente a nuestro carácter de personas.

El Instituto Electoral del Estado de México, consciente de su función como organismo público, asume su compromiso de promover los valores democráticos a través de un programa editorial enfocado al cultivo de la educación cívica. Este compromiso de relevancia social lo comparte plenamente con la Secretaría de Educación del gobierno estatal. Por ello, en la Carta de Intención para Promover la Cultura Política Democrática en el Estado de México, suscrita por ambas instituciones, manifiestan el postulado de que la cultura política democrática requiere de una permanente construcción de valores y principios, construcción que debe fomentarse y protegerse por el Estado de Derecho.

El presente documento se enmarca entonces en el citado compromiso interinstitucional. Los docentes de educación básica podrán encontrar en las páginas que siguen, información general relacionada al valor de la justicia. Puesto que el trabajo está orientado a la enseñanza del valor en cuestión, el maestro puede usarlo como una herramienta informativa, y también como un elemento literario que propicie la práctica de la justicia y, a partir de ejercicios, la torne conducta cotidiana. Este escenario no es impensable, al contrario, su realización es posible. Así corresponderemos a la premisa de que la educación es piedra angular en la construcción de una mejor sociedad.

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